Cuchillos de Sástago: la gran tradicción artesana

El cuchillo es tan antiguo como el hombre, en la era del Paleolítico los hombres cazadores ya lo utilizaban para su supervivencia. Los materiales entonces eran esquirlas de silex o pedernal talladas o trozos de huesos. El descubrimiento de los metales dio un giro radical a la industria de todos estos objetos cortantes como dagas, puñales, flechas, cuchillos, espadas, etc, que aparecen en el paso de los tiempos como símbolos de linaje, representaciones del sexo del hombre e incluso emblemas de virilidad.

En la era del Bronce el cuchillo adopta además de su carácter útil su talante artístico; así lo demuestran las piezas que hoy se conservan en los museos. Con la llegada del hierro y otros materiales que se van descubriendo las armas se multiplican, las formas y sus usos pasan a ser múltiples y las grandes legiones romanas tienen en estos preciados metales sus mejores aliados a la conquista del mundo.

Se utilizaban cuchillos con un solo filo, hoja algo curva y mango de bronce, hueso o marfil, ornamentados con detalles de la vida de la época. En la literatura aparecen numerosas referencias que nos dan idea de la importancia que este utensilio a representado con el pasar de los tiempos. Por citar una referencia, en La Iliada, se habla del cuchillo que Agamenón llevaba siempre consigo además de su espada. Los romanos y los persas ya tenían costumbre de servir los alimentos previamente cortados a la mesa o en el momento que se servían en presencia de los comensales para que luego pudieran comer tan solo con las manos.

Ya en la Edad Media, grandes productores de acero como Inglaterra o Alemania exportaban este material a buena parte del continente creándose un gran gremio en Europa artesanal: La Cuchillería. A finales del siglo XVI y principios del XVII se institucionaliza el uso del cuchillo en medios aristocráticos tal y como lo conocemos en nuestros tiempos. Era sinónimo de buenas maneras el utilizar el saber utilizarlo para trinchar la carne o las aves y poder utilizar correctamente las cinco clases de cuchillos que para sus diferentes usos se disponían en las mesas.

En el siglo XVIII el cuchillo alcanza su máxima expresión como objeto de lujo, se presentan mangos
ornamentados con todo tipo de materiales y diseños, marfil, plata, oro, esmaltes, porcelana, cristal, coral, ámbar, etc.

Hoy en día se ha dado paso a otros materiales que aseguran el corte con el paso de los años y su uso
diario, el acero inoxidable o el acero con carbono son algunas de las aleaciones que se han hecho imprescindibles en la industria cuchillera.
La artesanía ya ha dejado de ser un mercado rentable y pasa por ser un mercado muy reducido que en ocasiones lo trabajan personas que ocupan su tiempo libre en fabricar grandes obras de arte.

La familia Liso, a través de varias generaciones ha sido la que ha dado fama mundial a los cuchillos
de Sástago. Desde la cuchillería ubicada en la calle del Carmen, número 9 se han forjado con el pasar del tiempo las piezas que han ganado su popularidad por su gran calidad y terminación. El trabajo artesanal, el esfuerzo, la paciencia y el tesón con el que se han ido forjando estas piezas únicas a golpe de fragua definen el cuchillo de Sástago como la historia viva en el pasado de la localidad que con el transcurrir del tiempo se ha convertido en piezas de museo que algunos sastaguinos tienen el privilegio de conservar en sus vitrinas.

A fuerza de golpes en la fragua, el cuchillo empieza a tomar su forma, el temple se consigue introduciendo la pieza en un baño de agua para enfriar la hoja. La colocación del mango se hacía perforando con un taladro manual la pieza de hierro y se colocaban las cachas, generalmente de cuerno, con el pasar de los años se fue utilizando la margaritona, un molusco en forma de concha que por aquel entonces era fácil de encontrar en el río Ebro pero que en la actualidad está prácticamente extinguida, al menos en el paso del río Ebro por Sástago. Recuerdo que 20 años atrás era habitual observarlas en la zona de la caracoleta y los topetes a simple vista entre las piedras de la orilla.

La margaritona se cortaba a medida y sus partes más finas se utilizaban para fabricar navajas pequeñas que habitualmente eran regaladas a las novias.  La zona media de la concha se solía emplear para la fabricación de cuchillos de mesa y la más gruesa para los cuchillos de faja o banda. Cuando la margaritona se hizo difícil de conseguir se pasó a utilizar la nacarina. Las cachas se sujetaban con pequeños clavos y en las piezas más refinadas también se empleaban materiales como plata, alpaca o latón. Para los adornos también se empleaban estos materiales.

El sello y la forma que adoptaba el cuchillos de Sástago lo hacía único y de una calidad suprema. El filo se conseguía frotando la pieza con piedra de agua hasta quedar un afilado perfecto. El cuchillo de Sástago ha traspasado fronteras y nos consta por ejemplo que hay una muestra en el Museo Louvre de París. En la cuchillería Liso también se fabricaban otros objetos cortantes utilizados en el campo, por ejemplo las hoces.

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Cuchillos de Sástago s. XIX

Con el paso de las generaciones, la familia Liso aun dedica su tiempo a fabricar cuchillos de forma artesanal pero no los comercializa, al menos como antaño. Tenemos constancia que la denominación de cuchillo de Sástago se utiliza frecuentemente de forma fraudulenta en mercados de artesanía vendiendo piezas que nada tienen que ver con los cuchillos de Sástago y que no tienen identificación alguna con el sello que garantiza su autenticidad.

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Texto: Luis A. Serrano
Fuente: Libro Recuerdos de Sástago (1994)